febrero 03, 2015

¡Qué tal dejar de huir!

Se vive hacia afuera, en conexión superficial con estímulos externos que suman a la escena cotidiana de vivir en automático, sin darse cuenta de nada: la radio siempre está encendida, el televisor se convierte en compañía, los celulares no se apagan, la soledad se condena, y los actos dejan de ser conscientes, para convertirse en movimientos mecánicos y protagonizar historias que no se viven plenamente: papeles o roles no escogidos, impuestos por otros, o  producto de la corriente que arrastra hasta a un lugar poco cómodo, pero del que no se decide salir .
Se ama el ruido, la acción de llenar y copar los momentos con accesorios con tal de no hacer contacto, ni tomar las riendas. Y así, huimos de “la propia casa”, de la relación con nosotros mismos, del silencio, de la mirada hacia adentro, del no hacer nada, de la posibilidad de contenernos y atestiguar la propia existencia, lo obvio, eso que se consume en medio de tanta escenografía que colma la vida sin vida.
¡Qué tal dejar de huir!
¡Qué tal una pausa para volver a "casa", a solas, para encontrarse de nuevo con lo auténtico!
¡Qué tal descansar en la quietud para luego desde allí moverse hacia donde realmente se necesita!
#VladimirCharryConsultor

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